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por orden de aparición

Cerco inductor

Yo estaba disconforme con mi comportamiento, aunque achacaba mis desórdenes a potencias interiores irreductibles y a un juego de factores externos inescrutables, invisiblemente montados para provocar mi turbación. Este cerco inductor, pensaba yo, en determinado momento me volcaba en actos no deseados, ocasionalmente seductores y capaces de transformarse, a posteriori, en algo repelente y abominable. Después de este razonamiento me tomaba la duda de que no fuese algo meramente de orden moral y sospechaba que si yo hubiese sabido pronunciarme, escoger, antes, no en el momento mismo del acto tentador, sino en la etapa de sus orígenes, podria haberme salvado. Al llegar a este punto, también tachaba la reflexión formulada, convencido de que igualmente en el momento último se puede elegir.

Antonio Di Benedetto: Zama, Adriana Hidalgo editora, Bs. As., 2006, p. 87.

Ya no digo Zama, pero me parece que este párrafo podría ser epígrafe o disparador de cualquier novela.

Eso no lo sabe nadie a saber

El aeroplano viene toreando el aire.
Cuando pasa sobre los ranchos que se le arriman a la estación, los chicos se desbandan y los hombres envaran las piernas para aguantar el cimbrón.
Ya está de la otra mano, perdiéndose a ras del monte. Los niños y las madres asoman como después de la lluvia. Vuelven las voces de los hombres:
—¿Será Zanni... el volador?
—No puede. Si Zanni le está dando la vuelta al mundo.
—¿Y qué, acaso no estamos en el mundo?
—Así es; pero eso no lo sabe nadie, aparte de nosotros. [...] sigue>

Nota de hermanos y filósofos

x Rabensteiner, 01.Ene.09
2 comentarios | tags: Otras cosas, Antonio Di Benedetto

Elaboran divergentes la misma náusea: hurgando en la caja Caín, los dedos pringosos palpando las sienes de la cabeza de su hermano; falto de párpados y tirante la dentadura, ajeno a la caricia sobre las orejas de sangre, Abel.

Después irrumpe Heidegger, salame peligroso, y mecanografía La constitución onto-teo-lógica de la metafísica.

Más tarde o más temprano se le echa la culpa a Hegel y ya.

(Nota lumpen a Di Benedetto: "Dos hermanos".)