Backfeeds: La Placita (1/8)
"Sólo viviendo absurdamente se podrá romper este absurdo infinito", me repetía sin recordar, ahora, adónde lo había leído. [...] sigue>
"Sólo viviendo absurdamente se podrá romper este absurdo infinito", me repetía sin recordar, ahora, adónde lo había leído. [...] sigue>
Sólo viviendo absurdamente se podrá romper este absurdo infinito, había dicho alguien en algún lugar. Lo que K. no hubiera dicho, lo que no hubiera siquiera pensado, era sentarse precisamente en La Placita; por el momento esto sí era absurdo. Todo iba condensándose desde muy atrás a pesar de que lo sentía tan instantáneo, tan presente como la frase, por caso, o como unas horas antes el avión que ya estaría volando sobre el Atlántico. [...] sigue>
Muy necesarias nociones para K. a la espera de su whisky, sentado en La Placita, bar de la ciudad de La Plata. Sin embargo no había por qué complicar las cosas. [...] sigue>
¿Iré a Ezeiza a darte el bye bye? Sí. Naturalmente. Desde luego que iré. Pero es bastante ridículo, A., es bien absurdo que vaya. Ya sé, el absurdo (palabra para poner en itálica, ésta, vos quizá comprenderías apenas la pronunciara, lo entenderías todo pero lo mismo me exigirías las explicaciones del caso, y por eso ya sé lo que vos sabés o me dirías). [...] sigue>
"Más bien es idiota", pensó K., y todo fue cediendo en su mirada hacia Plaza Italia, paisaje que desde La Placita, en 8 y 43, parecía una torpe y redundante postal vista de lejos. Aquí las relaciones eran fáciles y perceptibles; al margen del motivo por el cual cedió a sentarse en este bar, era comprensible que al contornear la plaza pasara como por un caño al Cuaderno de Tapas Rojas y el cuaderno suscitara a su vez un manojo de imágenes un poco vagas o quizá indeseables. [...] sigue>
Sólo viviendo absurdamente se podría romper el infinito absurdo, pero ¿esto era vivir absurdamente? K. sonrió con ironía y siguió bebiendo como un payaso. Según fama, un epíteto posible para ciertas mujeres muchas veces es ése: una mujer bien puede resultar absurda. [...] sigue>
De manera que La Placita y A. y Puck Robin, V. y su could you be, la encrucijada flagrante de la 6 y la 43 con la tangencia secante de la diagonal 74 como un manchón de mercurio y así la charla con J., Plaza Italia y entonces S. en el Cuaderno de Tapas Rojas. Participando y coagulándolo, sólo viviendo absurdamente se podrá romper este absurdo infinito: posibilidad siempre, sólo probable, y quién diablos había escrito la frasecita esa. [...] sigue>
Por qué no: la leche derramada, entonces. Pero eso sí, ninguna clase de llantos toda vez que el cinismo es mucho más conducente a la hora de cohabitar una ciudad cualquiera. [...] sigue>