Yo podría vivir esa literatura, dijo mi paredro

Yo podría leer esa pecera, nos conformábamos hace tiempo durante las primeras maniobras con Donde yo no estaba. Y fue eso, hace más de un año, lo primero que en Cohen me regresó a Cortázar —vía el al menos para mí famoso relato "—Yo podría bailar ese sillón —dijo Isadora", de La vuelta al día en ochenta mundos. Con la Duncan siempre en el margen y cinco libros de Cohen después desemboco en el último (re)publicado, Impureza, y en la página 27 encuentro a Neuco preguntándole a Verdey en la estación de servicio Gasomel: "¿Sabés bailar un coche? ¿Un cigarrillo? ¿Un sillón? ¿Un vaso de leche?" Treinta páginas adelante Verdey ya le aseguraba: "Yo te voy a bailar un coche, amorcito, si querés te bailo el atardecer, un barco a vela, te bailo una ciruela."

Los paredros de todos modos seguimos, a lo sumo, leyendo peceras. Y viviendo literaturas, acaso, buscando formas de postular que todo es literatura sin que sea una frase que por fuerza le cae adentro si es que no existe mínimamente un afuera.

Comentarios:

bardamu | 12.Abr.2008, 18:44:

Posiblemente haya un afuera, incluido adentro. Alguien podría decir, también: todo es literatura, excepto, claro está, la literatura.

f x | 13.Abr.2008, 03:43:

Eufónicas, reminiscentes, azuzadoras... las palabras pueden sentirse sí, en esa confluencia. Un movmiento físico. Uno camina, observa, va haciendo literatura mentalmente, se vuelve una gran palabra móvil. ¿Lo has experimentado?

Salutes, Puck.

f x | 13.Abr.2008, 17:30:

Puck, ¿recuerdas cuando

María mató al dopito

? Do-pi-to :)

Racak | 14.Abr.2008, 22:47:

Puck, fuera de tema: me dijeron, con conocimiento, que la Hopen no es nada sexy, es un engaño. Flaca como un espino, estimado. Reorientemos las naves. Mire que hay mucho, eh.

Ojaral | 07.Jun.2008, 23:43:

La vida es literatura, y todo acaba en nada y verso, dijo Pessoa. En fin, un gusto encontrar un lector de Cohen tan apasionado y perspicaz. Yo comparto esa pasión, aunque mi perspicacia es más bien neblinosa. Lo que sí sé es que no hay un escritor que me genere tanto pasmo y admiración como Marcelo Cohen. Desde Insomnio, su obra es una sucesión apabullante de obras maestras. Y Donde yo no estaba, es inagotable como una sinfonía (o una novela de Pynchon).

Un poco tardío este comentario, ¿no?

Saludos.

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