Republik
A mí me duele, Weimar, descontarle un destino ineluctable. En sus gestos, en sus mañas y preocupaciones entreveo una dinamo oculta de tormenta. Siempre que lo miro llegar, joven y revoltoso, lo primero que me viene a la mente es la imagen de una bombita eléctrica recalentada. No es algo que sugiera su sombrero, señor, ni siquiera sus facciones de púber, pero ese vértigo hacia adelante se debe al lastre sobre sus hombros. Toda vez que percibe que podría romperse la crisma descubre sin sinceridad la profundidad del abismo. Cada vez que usted dice "Versalles", cada vez que usted dice "Occidente" o dice "humanidad" a mí me tiembla la dentadura, Weimar: el único destino manifiesto que de veras nos hermana humanos es el rostro astillado en el barro y la mierda.
(Muñoz Molina, hoy, sobre la República y el libro de Eric Weitz.)


Comentarios:
[Teclado americano s/acentos]
Alla vamos Kaminer, a las profundidades de la Historia. De cara a cara a sus sombras.
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