Papa's Got a Brand New Bag
La abuela de Mario planchaba resortes. La de Ana, pateaba calefones. La mía hacía otras cosas no menos de abuela: cosía en una Singer a pedal unos hermosos trapos, me iba a buscar cada tanto a la escuela, me ponía a dormir luego de recomendarme un vaso de agua en la mesa de luz. Cocinaba unas galletas de maicena que eran delicia famosa de la familia. Me ayudaba a hacer los deberes, me daba plata para cosas absurdas, arbitraba las discusiones no muy fuertes, y sólo ésas, con mi vieja. Lo que nunca hizo mi abuela durante tanta convivencia fue hablarme de mi padre, su hijo. Cada tanto me acuerdo y recuento la cantidad enésima de tardes y algunas mañanas y pocas noches que pasamos a solas, en lugares entrañables por sus colores o luz o aire o fantasmas, que fueron como dioramas ad hoc, plataformas desencadenantes de conversaciones para que mi abuela se largara a contarme de él, su hijo, mi padre. Jamás producidas pese a mis preguntas indirectas y no tanto: falsas, defectuosas escenas sin mecha. Por esas carencias entendí temprano que si mi abuela no me contaba de papá, su hijo, mejor que me pusiera a necesitar otras cosas porque entonces nadie más iba a hacerlo.
Desde entonces la impostada relación con mi abuela como esos cuadros donde un color desviado se puso en la tela sin mucha forma (o con tanta) y absorbe, de puro vacío, todo el sentido que le tirés encima. Algo como los embudos chupantes que mencionaba Kullich: tan vacío mi padre que todo cabía en él. Tan ninguneadora mi abuela que fue exactamente como si hubiera planchado resortes durante toda la niñez y primera adolescencia que me tomó vivir la muerte de ese tipo desconocido que fue mi padre.
Ahora sólo quedan series, aglomeraciones, condensaciones de faltas similares reticuladas tan fácil. Pozos de vértigo propiciados. Padres que mueren jóvenes y también padres que se suicidan como padres que se niegan a serlo y asimismo padres que se separan, huyen, aislan, mutan, ganan y pierden en el corrimiento que hiere. Y padres de la música negra y de tantas otras cosas, papás que fueron pura nueva simiente, leche de nitro, toros de verga al palo, padrillos del culo, convictos creativos, máquinas sexuales de la procreación de efectos —James Brown—, mueren en navidad luego de enumerar con onda todos los pecados del mundo sin redimir ninguno.
(Chau, James.)


Comentarios:
Padres...los que son y los que se hacen los boludos, siempre aparece alguien para aclarar la imagen perdida en la cabeza del niño sin padre, porque este prefiere ser alguna otra cosa.
Preferir no ser padre (no tener realmente niños) a veces duele, pero hace sobre todo, incomensurables los sentimientos de niños y madres en cuestión, de tal manera que también entran las ganas de salir a repartir palos de regalo en esa bolsa nueva de papá noel.
che, puck. éste quizá sea el más bello post que te leí, en lo estrictamente literario. lo de la anciana planchando resortes me dejó patitieso.
feliz año.
Este clavo si entro.
y ...desviaciones momentaneas.
(si quedo incompleto es porque me quede llorando ...que bolas....)
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