Papagayo
Entre los yeites más efectivos para ser objeto de la inmediata atención de las enfermeras el que más paga es el de actuar natural autosuficiencia. Una indignación de orgullo mellado ante la propia orina sobre las blancas sábanas de la institución es suficiente para que solícitas se precipiten con un par de mudas. No me refiero a sábanas de recambio, por supuesto: mudas, digo, esa subespecie del personal del sistema de salud de la nación. Las enfermeras las administran de a pares en todos los casos; los pacientes descuentan que esa exacta dosis es como una concesión afectada hacia un método tan probo como decimonónico. Dispuestas las esfinges a cada lado de la cama, cuando ya sus miradas pesan sobre el enfermo como una intervención cerebral sin anestesia, el pis regado empieza a evaporarse, prosa volátil, y al final es como si nunca hubiera estado ahí.
Otro método eficaz, otro medio viable en condiciones similares —aunque, por cierto, más esquivo— es ser Philip Roth y seguir escribiendo novelas.


Comentarios:
Sería una pis que llegue hasta la mismísima punta de los pies de las enfermeras.
¡Roth transfigurado!
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