Nuestros cadáveres
En septiembre pasado Vero me invitó a escuchar a Marcelo Cohen en el Malba; compromisos no me permitieron asistir. Al día siguiente mi quebranto era doble, porque la conferencia había estado muy bien, según ella, y porque había llevado consigo su ejemplar de Los acuáticos para prestármelo si yo aparecía a última hora. Se advierte a las claras qué clase de chica es V.; se adivina tal vez cuán literal soy al hablar de quebranto.
La vida continuó porque la vida, siempre, continúa hasta la próxima cuita. En un post de hace menos de un mes, Vero me deja un comentario admonitorio sindicando esta vez El Testamento de O'Jaral. Apenas un par de días más tarde, al final de un extraño domingo laboral en Capi todo por lo alto, mi buena estrella me mete desganadamente en Gandhi. Un sol crepúsculo: encuentro Testamento y Acuáticos y el fulano que me atiende, que sabe tantísimo de Cohen, encima no tiene cambio y me cobra de menos.
Esa misma noche de domingo y por pura simpatía la informo a V. de mis buenas nuevas, vía email, en la certeza redonda de provocarle una alegría sincera. (V., creo que no es necesario mencionarlo, es del tipo de persona que cede a Dionisos cuando alguien disfruta un texto de manera similar a como lo hace ella.) En su respuesta me llegan felicitaciones y una enigmática frase: "Te regalo el adelanto de una sorpresa: leé el párrafo que está en el centro de la página 18 de Los acuáticos". V. se había guardado la revelación hasta estar segura de que finalmente había dado con el libro. En la página 18 de Los acuáticos (Norma, 2da. ed., 2006), al centro, leo entonces:
A mí me toca investigar. La orden no es muy perentoria, como si prácticamente a nadie le importase lo que haga, aunque también la indiferencia se puede fingir. En una situación de grandes apreturas surgió un hombre que miraba hacia arriba, es decir hacia lo alto, y cuando su ideario ya entusiasmaba a medio mundo el sujeto se murió o lo mataron. No hay cadáver.
Las cursivas ¡son nuestras! —y me refiero a Vero y a mí. Una vez que pude meter mi pasmo en un email, su respuesta me llegó inmediatamente: "Ji, me da risa imaginar tu cara al leer."
(Vero escribe El infierno de nuestro descontento. Y espero que me disculpe toda esta infidencia.)


Comentarios:
Qué flash.
¡Jua jua! Puck, te "admoniciono" esta vez sobre Impureza. Ya diré, vienen movidos estos días, debería escribir un post sobre por qué no puedo escribir un post. Ah, y cómo no voy a disculpar, con tanto halago. Besos.
me quedé ESTUPEFACTA. ya imagino la cara de mi paredro. por menos de eso yo huí de myanmar.
Estos contactos amicales que traen calidez, eeehhh.
Cuando escucho sobre cadáveres, recuerdo tu post. El énfasis en
zti]no hay cadáver[/zti] se ha quedado grabado.
Salute.
Y aquí bien las cursivas:
Estos contactos amicales que traen calidez, eeehhh.
Cuando escucho sobre cadáveres, recuerdo tu post. El énfasis en
no hay cadáver se ha quedado grabado...
Salute
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