Lo fotografiable
El mar entró en la casa ajada como el cielo en los ojos del caballo muerto bajo los golpes del hijo del guardabarrera al que las tres incipientes señoritas acudían a contemplar sin falta desde el alambrado del fondo para regalarle monedas y oírle cosas atroces todas las tardes a las cinco ante la aprensión y derrota de Miss Harrington que sin sospechar pulsiones sexuales en sus encomendadas ni bestias de carga muertas bajo yugo de varones se quedaba en la casa a la que entró una tarde de Navidad como un mar sin bagaje histórico.
Llegar a la casa del sauce, arribar desde el camino de tierra a dejar el bolso y abrir la ventana. Mar lava la historia de polvo y herrumbre con apenas torcer un ventanal.
Ir a la cama para madrugrar rumiando las palabras del chico del guardabarrera, ensayando los efectos del cuento en el propio cuerpo. Tres nenas adivinan calor y sangre friccionando sus muslos bajo las sábanas, sospechan un olor que no arrebataría a las moscas del caballo pudriéndose en el camino de tierra.
A la vera del andén el camino se calienta desierto. Respira en ausencia el tren tras el alambrado del fondo.
El jardín se achica como un bosque fantasma. Los pasos de la institutriz se tragan el jardín ajeno.
Una casa oscura. Un caballo obscuro.
Crujen los pastos secos al ceder los pasos. Apagan los cuartos del caballo las patadas de los pies desnudos del chico.
El pasador se queja en rechina. Las crines destellan chasquidos de latigazos.
Mar entra en la casa del que llega y abre, cielo entra en los ojos del caballo que resiente y muere. Tránsitos mecánicos sobre un camino de tierra. Entre lo que perece y renace, y sólo ahí y entonces, no hay palabra: todo sólo sale, rejunte de sombra y de luz para una fotografía imposible.


Comentarios:
Eeeepa! no es que me guste la compañera Ocampo,( la verdad es que no, no me gusta y su resucitada literatura me parece una moda que ya pasará y no le encuentro más virtud que la "rareza"cosa que no me impresiona nunca -en sí misma- demasiado). Pero mezclarme así sin más con una señora como ella... Puck, no bebas cuando lees. O alucinarás imposibles mezclas como ésta.
Quedé seducido ayer por dos lecturas que por azar coincidieron en domingo, y vi juntos caminos de tierra, andenes, ingresos de mares y cielos, jardines y fondos, chirridos y destellos... ¿Hay una moda Ocampo? Bueno, no sería la primera vez que resulto un chambón mero objeto del marketing editorial. Pero beber no bebo; leer intentaré dejar.
¡Dejar de leer! ¡Jajaja! ¡Qué imposible más al alcance de la mano...! Como aflojar las riendas: justamente.
Saludos.
Mientras leía el post se me vino a la mente otro cuento con andenes y trenes y mujeres. Recordé...Final del juego de Cortázar.
Para dejar de leer hay grupos de ayuda, después le paso el dato, es bueno sacarse esos vicios...
cuando uno ve, percibe con la vista las palabras, puede evitar leer? es posible pasar la vista y estar decodificando los renglones uno sobre otro al tiempo que piensa en alguna otra diferente y lejana escena de su vida cotidiana o tararea inconscientemente, una de james blunt pero, sera posible entonces dejar de pensar y por tanto dejar de leer al momento de mirar palabras, simbolos. ¿como se escapa a esa adiccion?
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