Espichados
Caen los pájaros muertos de los árboles. Espichan los pajaritos por puro calor, infartados a plomo sobre las veredas de la ciudad. Ni mediante extravagantes explosiones provocarían pasmo entre los ciudadanos. Gorriones y otros un poco más grandes, algunas palomas, fritos todos; no parece haber porte que acomode la refriega. Ni el escozor espontáneo de una sacudida de alas, oh aves, ni el lamento tardío por la latitud mal ajustada. Cadáveres calientes fulminados sin procesión: bichos simplemente muertos.
(—No Hem, los pájaros no se suicidan. Al menos no ahora, acá. Ni asesinatos, ni vejez. Sin ruedo, faltos de espectáculo y transformación, enseguida muertos. Este planeta de Darwin es una porquería, Dad. Está viejo, gastado. Ya va siendo hora de conseguir uno nuevo. Uno que se adapte él.
Diálogos imaginarios con Hemingway como hacía Roth. Pero en mi caso nada de great american novel: intentonas julinfas, apenas, de aventar la tórrida apretura del sol sobre la cabeza mal cubierta. Recomiendo probar porque a veces funciona. Eso sí: llamándolo como prefieran pero jamás, en ningún caso y por ningún motivo, Ernest.
Llego así hasta la entrada de un supermercadito de barrio donde hay que anunciarse para que una fulana te abra haciendo sonar una chicharra. Me arrimo a la puerta de vidrio, entonces, y en eso un chico de no más de cinco años se baja de una bicicleta y la planta con las ruedas hacia arriba, en equilibro sobre el manubrio, justo en el medio de la vereda.
"Si no hay dónde apoyar para que quede parada tenés que ponerlasí patasparriba", me dice, con una mirada entre astuta y admonitoria.
Este no es Hem, pienso ahora. Se me ocurre que, tal vez, Felisberto Hernández. "No te hagas el vivo, pendejo", le contesto, justo antes de darme cuenta de que no debería. Y me vuelvo a casa oyendo la chicharra: es evidente que suena para que entre él.)


Comentarios:
Ver pájaros que caen muer-tos, niet. Es una imagen pavorosa que a algunos nos pone la piel de gallina y por cinefilia torcida, uno evova Los pájaros y luego el contrapunto de la bicla parada, viene a ser algo necesario, como lo que te ocurre cuando viste el cadáver de un cachorro en la pista y te dices, qué triste, el perro chiquito, para que en la esquina te encuentres con alguien luminoso que te sonríe...
"Pájaros muertos en el mar" Me acordé de esa canción de Aquelarre (además)
¡Aquelarre!
Muy bueno lo Hem, mi querido Hem. Y de Felisberto Hernández, en fin, qué se puede decir...
Nuevo comentario:
Negrita: [ztb]texto[/ztb]
Cursiva: [zti]texto[/zti]
Link: [zturl=dirección]texto[/zturl]
Párrafo citado: [ztcita]texto[/ztcita]
nombre
email (no será publicado)
sitio web (opcional)
El comentario aparecerá publicado luego de verificar que no se trata de spam.