Entre partes
Volví a la pieza impregnada de ese tufo a sándalo y colchas agrias. Pensamientos ordenados en montones y cajas de cartón en todo el piso. Entre esas pilas debe estar el chicotazo cerril que me impulsó a firmar el contrato. No voy a volver a salir nunca más; lo que resta es respirar lo restante entre tanta cláusula avalada sin ceder a locura. No tienen cláusulas explícitas sobre la locura y debe ser ésa la única agachada que no me permitiré en los años de la vigencia; quizá no las necesitan. El contrato transformó mi habitación de alquiler en una de esas bateas para que meen y caguen mascotas urbanas: piedritas destinadas a inocular los malos olores, cortesía de la patrona de la pensión, se me traban entre los dedos, la entrepierna, la boca y la nariz. Y entre los dientes. Todo razonar es pequeña y numerosa piedra blanca. Toda vigencia es respirar lo restante que mande el contrato. Expirar ese papel será expirarlo todo menos la traición.


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