El sino de Dixon
El compañerismo propiciado por la cerveza, he aquí el verdadero destino de Dixon sellado de una vez y para siempre durante su adolescencia, en Durham, a pesar del lastre heredado del negocio del carbón, la agrimensura adquirida debido a una codiciosa rebeldía y el placer por los dibujos acuñado durante largas tardes de encierro. Tres ocupaciones que lo encontraban cada noche entre las jarras de El Lebrel Gris, acaso, cuando no en las tinieblas jamás ventiladas de El Tigre. Tabernas en las que se hablaba del difunto padre minero (propietarios, estibadores, timoneles; contratos, tarifas, arriendos; gabarras, tolvas, vagonetas) o de los primeros pasos del hijo como oficial agrimensor (jalones, brújulas, zurrones; agujas, alfileres, plomadas; masillas, lápices, papeles) pero jamás de los dibujos entonces secretos de Jeremiah: la manipulación de las tintas (moliendo, levigando, mezclando), la dosificación exacta de colofonia (cálculo, proporción, mixtura) para la obtención de los colores correctos (oropimente, cardenillo, añil). Sólo dibujando avizoraba Dixon una coartada posible, en particular el trazado minucioso del mapa de un mundo al que podría huir si fuera necesario. Se trataba de un planeta del que había delineado mares y montañas, manantiales y volcanes, poblados y ríos, praderas y carreteras. Si la contingencia daba con él no lo encontraría sin mapa; allí Dixon jamás se sentiría perdido.
Muchos años más tarde, en otro continente, Mason reconocería en su compañero la estrella transparente de la camaradería etílica. Más: se la envidiaría sin tirria en más de una ocasión, cada vez que para mostrar simpatía, o para pedirla, no diera con otra maña que una tan estudiada como falaz articulación de las pausas entre las palabras. Dixon era de veras entrañable ya desde las primeras jarras y Mason aun en las últimas tan circunspecto que jamás se atrevería a mencionarle al agrimensor la flagrante falta de tabernas en el planeta de emergencia que en su momento había dibujado para futuro usufructo personal. Tal vez, pensaba Mason, su compañerismo era en este mundo puerco sólo una fuga, su sino un huir.


Comentarios:
hola, puck
lectura entrañable la tuya.
un placer pasar por acá.
saludos
Dicen Sean Carroll de Cosmic Variance que... pero mejor miralo vos (no encontré el link en este blog, espero que sea una novedad): http://blogs.discovermagazine.com/cosmicvariance/2009/08/11/inherent-vice/.
Y si no lo es, entonces queldiablomelleve.
Había un link a Amazon con el video en cuestión.
Retiro lo dicho.
No retire nada, Contursi, que se disfruta; allí fui a verlo —a oírlo— otra vez, y mi reino por las traducciones de Inherent Vice y Against the Day. Capaz sos el indicado para que le confiese, caprichosamente acaso, que la voz de Py aquí me confirma en lo personal una sospecha popular: el tipo es músico. ¿No te parece? Por supuesto, mis argumentos son inhallables.
Puck, asocié a Mason con el Mason de los rituales satánicos, y entiendo que el influjo polanski vía mass media intervino. Pero lo importante fue Dixon y esa brumosa atmósfera percibida en este post. El eco de los sonidos cuando levantas el vaso de vino [o de cerveza] y toda la música.
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