chr(13)

x Kaminer, 27.Ene.08
tags: Literatura, Lenguajes

No es mi tarea delinear al poeta como aquel que retorna efectivamente el carro. Primero porque tareas no tengo en la vida; segundo porque hay maneras más certeras de diferenciar a un poeta de un pueta según se empecinan mis paredros; tercero porque hay buenos poetas subidos a prosas que raramente bajan de línea. Simplemente anoto que, en ocasiones, la poesía es esa que te retorna un carro olvidado. Muchas veces me caigo de un verso leído sintiendo que el carro volvió a mí tal como lo tenía aprehendido antaño, o que viene de ningún lugar, desconocido y nuevo, pero lo mismo marcando un regreso. Eso es para mí el enter de un verso efectivo.

(Nota: Sólo el título me fue sugerido por las específicas lenguas de Puck.)

Comentarios:

Pablo | 28.Ene.2008, 12:11:

Jejeje. Es muy cierto. A veces el CR-LF es más un vicio, un remanente, una afectación, que un elemento sustancial. Y que hay lirismos que se desmerecen por esa insistencia. Le doy la diestra en este punto, Kaminer: cuando tiene razón, tiene razón.

Puck | 28.Ene.2008, 20:48:

Voy más allá respecto a Kaminer, compadre Pablo: no sólo eso que decís, sino que además cuando no tiene razón, no tiene razón.

Pablo | 29.Ene.2008, 08:49:

Es que Kaminer es un tipo muy coherente, a su manera, sin dudas, compadre Puck.

Tamarit | 29.Ene.2008, 18:13:

Pero el final de verso lo pide el verso mismo, cuando está bien construido. Aun cuando no sea de metro clásico, su ritmo te pide que bajes, aunque más no sea para respirar. Sobre todo, si sos de leerlo en voz alta.

Verso y párrafo se parecen, por otro lado, porque los dos tienen algo así como un aire. Pero en el verso eso es específico, mientras que en la prosa el aire pasa por las ideas, por la acción, etc.

Puck | 29.Ene.2008, 20:50:

Justamente, Tamarit: cuando está bien construido.

la condesa menarca | 30.Ene.2008, 10:09:

tiene razón el vampiro, la poesía yo no la concibo si no es para decirla, y todos esos ritmos marcados por la respiración tanto como por las tensiones de la dicción son fundamentales.

la mayoría de los poetas contemporáneos desconoce esta cuestión del ritmo y la acumulación y el aflojamiento de tensiones sonoras, y se quedan en versos libres que quedan así esclavos de su ripiosidad.

pero como acota berto pillín más arriba, esto no vale sólo para la poesía: lo del verso y el párrafo que marcaba el nosferatu cordobés, así como la musicalidad en la prosa es algo que tienen casi todos los novelistas que me gustan: faulkner, joyce, proust, becket, faulkner, cortázar, onetti y hasta dostoievski, para no hablar de frank porque después me reta.

Laviga | 30.Ene.2008, 14:21:

No hay que darle al verso todo lo que el verso pide.

Ya reencarnará y se podrá dar algún que otro gusto.

marcos | 07.Feb.2008, 00:36:

llegué tarde... pero cómo se puede hablar de la musicalidad en la prosa de autores que nunca se leyó en su idioma original?

la condesa lee a Joyce en inglés, a Proust en francés y a Dostoievski en ruso?

la condesa | 07.Feb.2008, 01:34:

obvio, melón.

andá a tomar la leche.

marcos | 07.Feb.2008, 13:00:

qué linda respuesta, sandía.

Julio Cortázar | 11.Mar.2008, 17:48:

...pensé pararelamente en la influencia neutralizadora y desvitalizadora de las traducciones en nuestro sentimiento de la lengua. Entre 1930 y 1950 el lector rioplatense leyó cuatro quintos de la literatura mundial en traducciones, y conozco demasiado el oficio de trujamán como para no saber que la lengua se retrae allí a una función ante todo informativa, y que al perder su originalidad se amortiguan en ella los estímulos eufónicos, rítmicos, cromáticos, escultóricos, estructurales, todo el erizo del estilo apuntando a la sensiilidad del lector, hiriéndolo y acuciándolo por los ojos, los oídos, las cuerdas vocales y hasta el sabor, en un juego de resonancias y correspondencias y adrenalina que entra en la sangre para modificar el sistema de reflejos y de respuestas y suscitar una participación porosa en esa experiencia vital que es un cuento o una novela. A partir de 1950 el gran público del Río de la Plata descubrió a sus escritores y a los del resto de América Latina; pero el mal ya estaba hecho y mientras por una parte muchos de esos escritores partían de un instrumento degradado por las razones que estoy tratando de entender, por otra parte los lectores habían perdido toda exigencia y leían a un autor uruguayo o mexicano con la misma pasiva aceptación de signos comunicantes con que venían leyendo a Thomas Mann, a Alberto Moravia o a Francois Mauriac en traducciones. Hay por lo menos dos clases de lenguas muertas, y la que manejan esos escritores y esos lectores pertenecen a la peor; pero nada lo justifica porque esa muerte es una eespecie de zombie al revés, y sólo dependería de nosotros que despertara a una vida bien ganada y a pleno sol. Lo malo es que si no hay oreja, como decía Unamuno, si no hay ritmo verbal que corresponda a una economía intelectual y estética, si no hay ese sentido infalible del vocabulario, de las estructurs sintácticas, de los acatamientos y las transgresiones que hacen el estilo de un gran escritor, si novelista y lector son cómplices metidos en una misma celda y comiendo el mismo pan seco, entonces qué le vachaché, hermano, estamos sonados...

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