Balada de Justíne y Philip
Entre el barro del que busca diferenciarse a fuerza de inventar un camuflaje, Justíne contrae cuanto puede sus orificios de nena tensando sobre todo los lánguidos abdominales y un poco los muslos flacos. Recuerda al marqués y la calentura, como un parásito, se emplasta acabada sobre su actividad vaginal-anal. Ahí nomás en el asiento del Ford destartalado se masturba mirándola Philip, incrustando sus invisibles nalgas en el rejunte estropeado de cuero y alambre y gomaespuma, clavando cual estacas sus botines sobre el barro del baldío, zarandeándose la verga con todo el brazo que se remetió en las partes por el agujero del sobaco del overol. Si te imagino voy frito, dice Philip entre jadeítos que si retontos lo mismo saben cómo encauzar deseo. Porque Justíne no está desnuda en el baldío; aun para defecar alza apenas lo imprescindible su gamulán zurcido como un matambre improbable. Y esa maniobra no es fácil. No sabe Justíne qué excita tanto al judío por más que busque asidero entre sus demorados recuerdos del marqués; y sospecha que por su parte Philip desconoce qué se cuece en efecto en la franja de gasa, apenitas peluda aunque asediada por anhelos musculares, de esta nena que no por embarrada le tiene un cariño menor. Pero tampoco es que a ella le importe demasiado; Justíne no se diferenciará menos del barro por más que su fisiología sea la letra erótica del macho. Pasame un pliego así me limpio, dice Justíne vaciado el vientre. Es exactamente entonces cuando una mancha nueva sobreempapa la anterior en la zona más empinada del overol de Philip repantigado. Muy distinta es la excitación de la chica, plana y sin entreactos genitales de ninguna índole. No es mala vida la de Justíne en el barro del baldío; para no soldar destino le alcanza mantenerse así en lo que dure y venga. Cada uno respira por donde puede, sabe silenciosamente Justíne con el gamulán muy pegoteado en la rajita del culo, retomando la vertical sin ningún esfuerzo: en el baldío embarrado hace la plancha su siempre lúbrica alegría, insuflándole oxígeno a ambos por más inaudito que le resulte a Philip, y así proclame a viva voz, encontrarse finalmente con su miembro en reposo.


Comentarios:
Escatología del deseo, o perdón, si eso suena truculento. En realidad es una petición bastante figurativa. De veras que así lo percibí. Y todo está escrito con ese ritmo que ya sabemos, nos encadila que es muy diferente a decir, que nos atrapa. Está cristalino el acto de la lectura con este post tuyo, Kaminer. Escatológicamente, claramente.
Escatológico, sí. Pero así y todo no deja de ser una balada que te deja un gusto raro, agridulce.
Como las subeybajas de Nick Cave. Algo así.
A mí me recordó cierto pasaje de Tadeys donde unos tipos violan a unas mientras cagan, cómo las mujeres se regodean después al contarlo. También a Sade, claro, y a Pasolini, pero más que nada eso otro. Me gustó en general, aunque en particular no entiendo mucho lo de la excitación plana de la chica sin entreactos genitales. Es me suena raro, me suena... disonante.
No lo leo particularmente por el lado escatológico; es un rejunte enrevesado de un par de ideas que me llegan desde el Justín de Cohen en "Un hombre amable" y unos cuantos protagonistas de Roth. Un escenario más dos disposiciones, algo así. Si se desprende un agridulce, me gusta, Luc.
(Vero: mecacho, porque debería entenderse aunque evidentemente no. Ahora leo esa frase y la cambiaría, claro, pero la idea era notar la excitación sin sobresaltos de Justíne, uniforme, sin orgasmos ni objetivos, sin deseo consumado. En fin.)
Tantísimas gracias por leerme, chicas.
Claro, justamente, pensaba, por más que no haya orgasmo la excitación de la nena no puede ser plana y menos "sin entreactos genitales de ninguna índole". Fijate que antes decís: "Recuerda al marqués y la calentura, como un parásito, se emplasta acabada sobre su actividad vaginal-anal". De ahí la disonancia. Ah, de Justín tengo un recuerdo muy vago, un chico que vivía en unos caños al que se le adhiere un hombre en disolución, por decirlo así (es increíble cómo este Cohen acumula hombres con voluntad de adelgazar, en Insomnio Ezequiel lo mismo, mirá, pero ya me estoy yendo de tema, debería escribir sobre eso pero estoy tan vaga). Voy a buscar a Justín.
Digo que si una excitación es plana no es tal, quizá —en el sentido de que no hay diferencia, cambio (este es el tipo de cosas que Racak dice tan bien, ¿no?, es decir: mucho mejor que yo). Se le emplasta acabada, a la chica, muerta de plano al intentar activarla (y eso desde ya que...) debido al recuerdo del marquesito. Dicho esto, finalmente, con el sólo ánimo de comunicarte una idea que es evidente que el texto no contuvo debido a mi mala frase. Porque anote lo que anote acá será siempre una impericia doblada (imaginate unos textos que vengan con una addenda donde se explica lo mal dicho en en las líneas originales...). En fin, gracias por la atención y la paciencia; la eficacia de este texto quedó clara y justamente resentida por los comentarios, y ya.
Pero de Cohen no me salgo fácil por las noches. La nouvelle esa de Justín me gustó mucho, más que la otra del librito, "Variedades". Pero cualquiera de ellas, seguro, tantísimo más que El país de la dama eléctrica (que no me gustó nada). Y antes que me olvide tengo que revisar tu indicación sobre la lectura de "El fin de la palabrística" según me comentaste en el otro post con referencia de pp. incluida). Y ya escribiremos o charlaremos sobre esos adelgazamientos, V.; también se los encuentro seguido. Y si vas tras Justín, pispiá también esa zona y pongámosla cerca de la zona de 62 de Cortázar. Y ya que estamos si andás en ese volumen fijate en la primera nouvelle dónde escribe la historia el narrador, quiero decir sobre qué soporte: esos doble-folios de clodoperlonato (claro que tengo mis notas a tiro) que posibilitan anotaciones críticas de los lectores; eso más el modo de publicación "pública" en lugares "públicos" constituyen algo similar a la idea de post de autor/comments de lectores y autor. Y si...
¡Mierda!
Es lo que sucede cuando has partido de unas lecturas y allí están explícitamente los referentes para quien como tú los haya bebido. Sin ellos, la interpretación es otra y no sé si se trastoca para contrariedad del autor o si todo eso no le perturba como sí lo que puede entrever con el comentario de Vero. Después viene tu respuesta, laberíntica. Y en vez de confundir, abre el panorama...
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