Backfeeds: La Placita (3/8)

Post de la saga Backfeeds: La Placita x Kaminer, 25.Mar.08
saga: Backfeeds: La Placita | tags: Literatura, Julio Cortázar

Muy necesarias nociones para K. a la espera de su whisky, sentado en La Placita, bar de la ciudad de La Plata. Sin embargo no había por qué complicar las cosas. La frase —sólo viviendo absurdamente se podrá romper este absurdo infinito— se había presentado con una intensidad nueva provocado otras imágenes, sobre todo el Cuaderno y su a esta altura ya tan buen amigo Puck, un poco menos el pasado con S. (quizá por Ezeiza, no por algún orden definido sino porque hoy A. se había ido a vivir a Madrid y era deseable controlar en lo posible la cantidad de nombres de mujeres para que las cosas no se tornaran más inmanejables aún, mientras que el Cuaderno de Tapas Rojas era una nostalgia y un puñal pero sobre todo una nostalgia y la amistad con Puck una expectativa, una estimulante puerta de entrada para atravesarla en compañía y sellar con eso la culminación del proceso generador de un pasado; pero lo mismo ahí estaban los desafiantes ojos de S., tan manifiestos y concisos como ciertos parágrafos del Cuaderno, tan claros e insoslayables como la frase absurda o los reclamos de lealtad de J.)

"Me caigo en estos embudos cuando lo que quiero es caminar como cualquier tipo, y después, frente a la pantalla en blanco...", pensó K. mirando hacia la puerta de La Placita para ver si el mozo atinaba a colaborar un poco con él. Posiblemente el verdadero acceso a lo que le estaba sucediendo residía en ese punto de la ciudad donde fabulosamente para K. confluyen la diagonal 74 y las calles 6 y 43, porque K. había arribado a la Terminal de La Plata, había caminado por la diagonal 74 hasta la esquina de 6 optando ahí, en un instante hueco que duró un par de metros, por tomar la 43, y sin saber por qué o sospechándolo absurdo se sentó en esa mesa de afuera de La Placita para tomarse un whisky. "¿Por qué me senté en La Placita, por qué no doblé por la 6 hacia lo de S., por qué el tributo al Cuaderno con la fácil tristeza del parroquiano nocturno a mitad de semana cuando al parecer y por más que me lamente es la única forma de romper el absurdo infinito? Pues bien, sea. Este bar nunca estuvo mal, y además no sé si por el momento no es el mejor lugar donde quedarse. Se está bien aquí, no quiero ver a nadie y quiero whisky, que ya he pedido. Y una brisa tibia en la sensación de que es justo, de que me quedo donde corresponde quedarse. Ninguna razón para lamentos, entonces. Tiene toda la forma de cerrar el cuadro con el aire de los quintos actos isabelinos. Si la encrucijada 74-6-43 es lo que me arrojó aquí, tal vez desde este cigarrillo, en esta mesa, surja el tirón necesario para que el bar me sirva de salida, de emergencia. ¿De salida de emergencia? Pero si justamente por eso no me fui a España. Pasa que estoy obligado a considerar de este modo; mis sitios reveladores y de verdad conducentes son siempre lugares de paso, de tránsito. Nada de residencias: Terminales, aeropuertos, estaciones, esquinas, bares

Hoy este bar no parece el bar donde L. me comunicó que ahora sí quería tener hijos y entendí que ese cambio era producto de una decisión política.
No parece el bar donde D. me confió, ya casi sin voz, cuántos meses de vida le quedaban, comentando que la financiación inopinada por parte de toda su familia para viajes, autos y demás objetos lo dejaba aún más inerme pero que lo mismo rejuntaba los mangos.
No parece el bar donde le confesé a C. qué había sucedido la noche que terminamos con D. en el hospital.
No parece el bar donde A. me informó que su hijo iba a llevar mi nombre.
No parece el bar donde el L. me ofreció una carrera paga en el D.F.
No parece el bar donde G. me reprochó que le había estropeado su última juventud.
No parece el bar donde discutí con un par de editores.
Esta noche La Placita es otra cosa.

"Gente que va y que viene, que deviene o retira. Hoy ha sido una intensa jornada de viajes, alineando estaciones como un gusano: La Plata Retiro Ezeiza Retiro La Plata, unas trece horas. Travesía no muy recomendable para viajantes incautos; uno se encuentra con y se despide de mujeres, en casos para siempre, y un aire de comedia hasta la carcajada pero después agarrate porque te duele de veras. Antes de largarse a este tipo de itinerarios hay que pensarlo bien. Yo mismo, antes de decidirme

Comentarios:

fractalesperdidos | 28.Mar.2008, 03:34:

La hora de los bares con sus zig zags, se despiden mujeres de hombres, o se reencuentran. Los bares y sus historias...

Me ha gustado especialmente este post, con plazas, conversas, una alegre nostalgia en los bares.

fractalesperdidos | 28.Mar.2008, 03:37:

Ahora me doy cuenta que las nostalgias alegres marcan ciertas miradas. Es extraño y duele, duele al final la alegre nostalgia...

Puck | 28.Mar.2008, 18:32:

Algo hay de cálido en la nostalgia, V., supongo que siempre funca un poco así; pero en este caso nada de alegre laya, me temo.

Siempre me pone contento que me leas.

el jardín de los finzi contini | 28.Mar.2008, 21:50:

Oh, ¿nada de alegre?.

........ .......

(desconcierto)

(vuelvo a leer el post).

Siempre leo lo que escribes Puck, dónd esté te voy a recordar. Digo...

Nuevo comentario: