Backfeeds: La Placita (1/8)
"Sólo viviendo absurdamente se podrá romper este absurdo infinito", me repetía sin recordar, ahora, adónde lo había leído.
¿Por qué me senté en La Placita? ¿Por qué cedí a quedarme en esa mesa de afuera, descansando los pies sobre el pretil que circunda el árbol de la plazoleta, en la exacta posición que me permitía atisbar la imagen de Plaza Italia sin siquiera tener que girar la cabeza para recorrer esa media cuadra de diagonal? (Los interrogantes en forma de intriga retórica eran la punta del movimiento que me regresaría una vez más, asqueado, a la desconfianza cotidiana. Un ejercicio inútil y a veces abyecto ahora que lo que buscaba era comprender, de una vez por todas entenderlo, sin el enfermizo problema del lenguaje en términos constructivistas por decirlo como uno que yo sé. Por eso, lo más liviano posible:) ¿Por qué volví a quemar cierto Cuaderno que reimprimí luego de ya haberlo originalmente escrito, editado, entregado, hurtado y quemado? Es decir, ¿por qué consentí la charla con J. en ese petulante bar de Ezeiza y más tarde su mirada inquisidora a lo largo de todo el viaje a Retiro? Pero la conversación con J. había sido tal vez lo más cartesiano del día y, en todo caso, sólo muy por encima fusionaba J. con lo otro, con lo demás verdaderamente importante, o sea todo lo que ocurrió en estos últimos cuatro o cinco años. La charla con J. de algún modo lo coronaba extemporáneamente, como una cereza de gelatina en la cresta de esas grandísimas copas de helado que servían en aquel resto de R., te acordás, esas que vos llamabas "magnas alejandras" y que te gustaban tanto, a menos que desde un principio lo que llamo con miseria lo otro, lo que llamo lo demás andá a saber si no apenas por pura molicie, comience a ser de una vez por todas aquello y así, así, en lugar —o mejor: en tiempo— de vivir (lo otro) alcance sólo a recordar (aquello), y esto que ansío apenas recuerdo contenga también a la mirada de J. como a tantos otros nombres de mujeres y condenados nom de plume, al Cuaderno de Tapas Rojas, a la frase que no puedo recordar quién escribió o al menos dónde he leído.


Comentarios:
Ah, vaya con las elipsis, los olvidos, las preguntas, las miradas, todos los ritmos habidos y por haber...
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