El sino de Dixon

El compañerismo propiciado por la cerveza, he aquí el verdadero destino de Dixon sellado de una vez y para siempre durante su adolescencia, en Durham, a pesar del lastre heredado del negocio del carbón, la agrimensura adquirida debido a una codiciosa rebeldía y el placer por los dibujos acuñado durante largas tardes de encierro. Tres ocupaciones que lo encontraban cada noche entre las jarras de El Lebrel Gris, acaso, cuando no en las tinieblas jamás ventiladas de El Tigre. Tabernas en las que se hablaba del difunto padre minero (propietarios, estibadores, timoneles; contratos, tarifas, arriendos; gabarras, tolvas, vagonetas) o de los primeros pasos del hijo como oficial agrimensor (jalones, brújulas, zurrones; agujas, alfileres, plomadas; masillas, lápices, papeles) pero jamás de los dibujos entonces secretos de Jeremiah: la manipulación de las tintas (moliendo, levigando, mezclando), la dosificación exacta de colofonia (cálculo, proporción, mixtura) para la obtención de los colores correctos (oropimente, cardenillo, añil). Sólo dibujando avizoraba Dixon una coartada posible, en particular el trazado minucioso del mapa de un mundo al que podría huir si fuera necesario. Se trataba de un planeta del que había delineado mares y montañas, manantiales y volcanes, poblados y ríos, praderas y carreteras. Si la contingencia daba con él no lo encontraría sin mapa; allí Dixon jamás se sentiría perdido. [...] sigue>

El escorbuto de Mason

—¿Encendido velas? Estoy más allá de la luz. ¿Rezar por mí cada día? Estoy fuera del tiempo. Mi buen Charles vivo... carne y sangre deliciosas...

Thomas Pynchon: Mason y Dixon, II, 16.

Las encías le escocían, se encontraba siempre exhausto y quizá dormía demasiado. La piel ambarina junto a una sed insaciable se modularon convirtiéndose en varias manchas púrpura alrededor de los muslos; en ese punto el aliento ya le resultaba repugnante aunque insistiera sin menos asco en enjuagues frenéticos de Madeira caliente. Con los días el peso perdido se había transferido a la contundencia del urogallo que sentía hincado en la parte alta de la espalda y que, con las alas desplegadas, desaceleraba sus pasos hasta persuadirlo de la imposibilidad de discurrir hacia cualquier espacio adelante. De todos modos no se excedía en esfuerzos; se abandonaba postrado sobre el camastro o en alguna silla improvisada del campamento, con poca ropa, sin botas. [...] sigue>

Biodegradable

x Kaminer, 17.Ago.09
3 comentarios | tags: Literatura, Ficciones

Acopiaba las botellas de plástico en paseos nocturnos por el barrio inglés: aguas de diseño, suntuosas, y otras de jarabes groseramente gasificados, verdaderos desechos vacíos. Con una navaja de compadrito que vaya a saber cómo fue a parar a la caja de herramientas de la familia, marcaba el plástico de los envases con signos no del todo claros, los consideraba un momento entre sus ojos y el sol (y sólo en ese punto el aire contenido se volvía luz filtrada, un atisbo de diferencia que se revelaba pronto como mero juego de espejos), y los revoleaba sin gracia, sin testigos, al riachuelo. Las botellas se posaban sobre la superficie estancada de la orilla absorbiendo cualquier impacto, el cauce todo orilla de rebaba, depositándose ya ajenas, inocuas en la marisma, transparentes de vacuidad en el barro licuado. Las miraba de algún modo adheridas, sin la esperanza de un viento que las soplara hasta otra parte. La única fermentación visible resultaba hacia dentro, al rato, al largo rato; la porquería mellando el plástico, sorda, ganándolo a través de las marcas talladas y la boca sin tapa, transformándolo en emplasto hasta hundirlo indiferenciado.

Pynchon concomitante

x Puck, 13.Ago.09
0 comentarios | tags: Literatura, Thomas Pynchon

Mason y Dixon, para llevar a cabo una justa división del trabajo, han adoptado la práctica, siempre que tienen lugar dos conversaciones al mismo tiempo, de que cada uno de ellos atienda sólo una conversación, y la situación espacial de cada uno suele determinar cuál de ellas le corresponde. Así pues, a Mason le corresponde defender su profesión contra lo que sospecha que es una acusación de ingenuidad por parte de la señora Washington, mientras que Dixon debe concentrarse en la historia de la Compañía de Ohio.

Thomas Pynchon: Mason y Dixon, II, 28.

Como lectores nos atañen ambas; nuestra situación, antes que cualquier superposición impostada de tiempo o espacio, nos instaura en ese costado insensato preñado de superchería, ese goce preternatural que es toda fruición de lectura. [...] sigue>

Cagazo

x Puck, 31.Jul.09
2 comentarios | tags: Literatura, Thomas Pynchon

En Vineland el miedo urde siempre en las tripas anunciando mierda. Frenesí Gates, con la cámara entre los manifestantes y los milicos armados, siente que le viene

the basic stone bowelflash.

El cana federal Brock Vond anda cerca y Zoyd Wheeler acusa sus

rectal spasms of fear

o bien

another one of those instestinal pangs

cuando no

those gotta-shit throbs of fear.

Weed Atman ve a la policía metiendo palo sintiendo

a throb of fear went right up his asshole.

Por una vez, el miedo es traducido visceralmente. [...] sigue>

Pontífice basilisco

x Rabensteiner, 23.Jul.09
1 comentario | tags: Otras cosas, Literatura, Ficciones, Thomas Pynchon

Ocupé adrede parte del pasado día del amigo en cumplir el mandado que me solicitaron en tiempo y forma. Se trataba de abonar sobre la fecha de vencimiento una factura de la compañía proveedora de electricidad local. El titular de la cuenta no podía hacerse presente ese día límite en las oficinas del caso, de modo que acudí a engaucharle el trámite, camino al trabajo, casi como en busca de la medalla. Contra toda previsión, tras sólo unos diez veloces números de espera la cajera en suerte se abonó los cincuenta mangos, retribuyó un comprobante y me pidió que pasara por el sector de reclamos.

—Bueno —descarté, deferente—. La verdad es que todo fue a las chapas y no tengo nada que objetar.

—Me refiero a la sección de nuestros reclamos, señor. Usted no es el titular de la cuenta.

Crenchas, pensé. Y dije, pero en defensa de qué: "¿Y usted qué sabe?" [...] sigue>

Pynchon el discontinuo

x Puck, 18.Jul.09
1 comentario | tags: Literatura, Citas, Thomas Pynchon

El fulano tiene bien merecidos los motes de posmo debido a una concepción transparente de las nociones-cascote más promiscuas. En particular,

la memoria es traicionera: dora, altera. La palabra es, en triste rigor, carente de sentido, ya que se basa en el falso supuesto de que la identidad es única, el alma continua. Un hombre no tiene más derecho a promulgar como verdad ninguna auto-memoria, que a decir "Maratt es un cínico universitario de lengua agria" o "Dnubietna es un liberal y un loco".

El yo. Y la historia, [...] sigue>

I Will y elefantes blancos

Se dice que Thom Yorke compuso "I Will" a propósito de las "bombas inteligentes" norteamericanas que destruyeron el refugio de Amiriyah, Bagdad, en febrero de 1991. Esa madrugada del día 13 más de 400 civiles murieron prendidos fuego; casi todos ellos eran mujeres y niños. En su momento el periodismo más conspicuo alrededor de la guerra del Golfo se ocupó de las laser-guided bombs citando las explicaciones de la Casa Blanca; previsiblemente, los voceros se apresuraban en detallar las "actividades militares" que tenían lugar en el barrio utilizando el Shelter #25 como salvoconducto. Ante todo ecuánime, por supuesto, la prensa internacional balanceaba esos copetes y bajadas con el recuadro "humano" de rigor al que es siempre tan afecta: Umm Greyda, una mujer que había perdido ocho hijos en el bombardeo. [...] sigue>

Gebel

x Kaminer, 03.Jul.09
0 comentarios | tags: Otras cosas, Literatura, Thomas Pynchon

Gebraíl y su carro sobre las calles turísticas de El Cairo, paseando intrigantes inglisi por la ciudad buena que, según su mujer en el barrio árabe, no es más que desierto disfrazado. Recibe tenso las propinas que le entregan presuntuosas franks de caras horribles, los ojos puerilmente agrandados por emplastos desfondados de rímel. Esos ojetes en los rostros femeninos europeos le recuerdan los agujeros que antaño horadaban sus cabras en la arena para dar con los tréboles blancos de la supervivencia. Recuerda entonces, Gebraíl, impenitente, todas y cada una de sus blasfemias. Recuerda sobre todo, Gebraíl, las caras desencajadas y temerosas de los vecinos que lo encontraron una mañana tirado muy lejos de su casa, azulado de frío, casi muerto, cuando tenía su tierra, hace tanto, tenía unas cabras, tenía su casa y hasta vecinos de fe. Así como el ángel del mismo nombre le dictó el Corán al Profeta Mahoma, él había regado esa noche la Creación toda y no había sido fulminado. Esa noche había maldecido a Alá y meado el desierto con la esperanza de ofender lo que no puede ser ofendido. [...] sigue>

Hipótesis porfiada sobre el caso Philip Roth

x Puck, 26.Jun.09
9 comentarios | tags: Literatura, Philip Roth

Por decirlo como el franco simplón que muy probablemente soy y que para esto y ahora me empecino en caricaturizar sin siquiera dudarlo: Roth no les gusta porque lo que escribe no tiene a la literatura como principal objeto. Aun cuando la mayoría de sus artefactos protagonistas son profesores de letras y circulen profusos los escritores y los colleges y las tesis de doctorado. Aun cuando el narrador es sin vueltas un escritor reconocido que lidia a su vez con las filologías particulares e interesadas de sus personajes de segundo, tercer y cuarto nivel. En las novelas de Roth no hay un sustrato dominante de sobrecapas formales en el que hurgar con el manual de instrucciones, con la caja de herramientas al uso de las carreras profesionales de las letras y la crítica literaria; sí la descripción de los modos posibles de utilizar a Hawthorne para llevarse a una alumna a la cama./ [...] sigue>

Umbría

x Kaminer, 21.Jun.09
1 comentario | tags: Literatura

Los filos de las manos ennegrecidos por restos de maquillaje; el paladar lastimado por el alcohol que insiste hacia arriba; el sudor cristalizado en las sienes; el pelo eléctrico, estático; los hombros arrastrados hacia la caída del mentón; el cierre de la falda torcido respecto al centro de gravedad de su cadera; las marcas de otros zapatos en los bordes de los suyos. Apoyada contra el hormigón del pilar de la autopista, opaca entre los jirones superpuestos de los afiches desgajados, se reconoce en el linde decisivo de las palabras ajenas: a salvo si la están contando, sea quien sea el que pueda escribir para contarla, o sin remisión posible, perdida, si el otro ni siquiera lee.

Marca de agua

Solía concedernos Rabensteiner, tan honesto, la colorada envidia que lo asoló cuando dio por primera vez con la Serenata de los Paranoides en el deslumbrante segundo capítulo de La subasta del lote 49. Asimismo aceptaba que su deseo malsano de apropiación seguía latente, ya morado, cada vez que se recordaba músico y empuñaba la guitarra como quien actualiza una pericia de las más viejas. Cuando raramente era el caso y cedía a esa conciencia de sí, la más transparente; cuando vencía esa primera náusea con algún resto de voluntad, recostaba el mástil sobre un muslo y abría un pentagrama digital en la PC para constatar entre resignados intentos la imposibilidad, menos moral que profesional, de alinear estrofas semejantemente despojadas valiéndose tanto de notas como de letras, fuera sobre el original inglés o la traducción de Moya. [...] sigue>

Pynchon veinte años después

x Rabensteiner, 25.May.09
2 comentarios | tags: Literatura, Citas, Thomas Pynchon

Tal vez el lector ya sepa hasta qué punto leer cualquier cosa escrita hace veinte años, incluso cheques cancelados, puede suponer un golpe para el ego de uno. Mi reacción al leer estos relatos fue exclamar: "¡Dios mío!", al tiempo que experimentaba unos síntomas físicos en los que prefiero no insistir. Mi segundo pensamiento fue el de volver a escribirlos de cabo a rabo. Ambos impulsos cedieron a uno de esos estados de serenidad propios de la mediana edad, y ahora creo que he llegado a ver con claridad cómo era el joven escritor de entonces y a entenderme con él. Por otro lado, si gracias a una tecnología aún por inventar me topara hoy con él, ¿estaría dispuesto sin recelos a prestarle dinero o siquiera a ir calle abajo con él para tomar una cerveza y charlar de los viejos tiempos?

Thomas Pynchon: Introducción a Slow Learner, 1984. Trad. de Jordi Fibla.

No. [...] sigue>

La crónica que hay

Muy bien acompañados entre sí, quizá los únicos tres que no calzaban zapatillas UNLP modelo Letras, estuvimos el pasado lunes oyendo a Marcelo Cohen en el Pasaje Dardo Rocha de La Plata. Nos entusiasmamos cuando mencionó lateralmente Donde yo no estaba, de la que dijo apenas dos o tres cosas; la primera, que era tal vez demasiado larga. [...] sigue>

"Viento llegaba muy fresco"

Casi a diario, en el crepúsculo, unos pocos pescadores se acercan al río y tienden sus hilos. A esa hora los peces se juntan por ahí, nadan en confianza; como los hombres, son atraídos por los restos de sol que llegan por entre los árboles de la ribera. Unos y otros saben que jamás nadie conseguirá así su cena, pero pasan el rato, estándose, hasta que todo son sombras. Después se van río abajo, río arriba.

P-maniacas /9: Crimson & Clover

Post de la saga P-maniacas x Puck, 16.May.09
5 comentarios | saga: P-maniacas | tags: Música, Prince

Reconstruyo algunos hechos que sucedieron mientras yo andaba en otras cosas. Prince publicó hace como mes y medio un set de tres nuevos discos: Lotus Flower, MPLSound y Elixer. De este lanzamiento ya se había empezado a hablar a finales de 2008, en particular durante un programa de una importante radio americana de Los Angeles donde el fulano presentó cuatro nuevas canciones: "4Ever", "Colonized Mind", "Wall of Berlin" y "Crimson & Clover". En el programa de Indie 103 la cosa se anunció como un anticipo del material nuevo que se publicaría en 2009. Pero la última de esas canciones no apareció finalmente en ninguno de los tres discos. La última de esas canciones es la que, según veo, más se comentó y probablemente escuchó en la web y en los pocos medios gráficos sobrevivientes sobre música. La última de esas canciones es la que P. eligió, tras la salida del set, para hacer bulla pública sobre su nuevo material. [...] sigue>

Quién cabalgará tus caballos

x Puck, 13.May.09
6 comentarios | tags: Literatura, Ficciones

(Para Carou, que me sigue leyendo tal como ya no escribo. Viejas fotocopias de hace más de quince años, edad de nuestra amistad.)

Es noche y no llueve. Un hombre camina por la vereda, solo, deseando hacerlo por el justo centro de la calle; ansía distancia, separación: teme que las casas despierten y se arroguen la condición de vida que a él le falta. No sabe y no entiende. Pero piensa, teme, y se mueve por la vereda. [...] sigue>

Packt like / All that glitters

—"Una latita de sardinas abierta en pleno mediodía sobre la calzada proyecta tantos reflejos diversos, que adquiere ante los ojos la importancia de un accidente. Hay que tener cuidado", anota Bardamu —digo yo— en Viaje al fin de la noche [...] sigue>

Papagayo

x Puck, 26.Abr.09
1 comentario | tags: Literatura, Philip Roth

Entre los yeites más efectivos para ser objeto de la inmediata atención de las enfermeras el que más paga es el de actuar natural autosuficiencia. Una indignación de orgullo mellado ante la propia orina sobre las blancas sábanas de la institución es suficiente para que solícitas se precipiten con un par de mudas. No me refiero a sábanas de recambio, por supuesto: mudas, digo, esa subespecie del personal del sistema de salud de la nación. Las enfermeras las administran de a pares en todos los casos; los pacientes descuentan que esa exacta dosis es como una concesión afectada hacia un método tan probo como decimonónico. Dispuestas las esfinges a cada lado de la cama, cuando ya sus miradas pesan sobre el enfermo como una intervención cerebral sin anestesia, el pis regado empieza a evaporarse, prosa volátil, y al final es como si nunca hubiera estado ahí. [...] sigue>

There There someone on your mic

Post de la saga Radioheadas x Puck, 18.Abr.09
2 comentarios | saga: Radioheadas | tags: Otras cosas, Música, Radiohead

Es un accidente que ya no espera, uno que sucedió hace poco más de diez años. Desde entonces el cuervo le picotea las sienes, los oídos y, sobre todo, saben, un ojo. Es tan consciente del bicho que se lo adivinan; ahí ahí, sobre tu hombro, Thom, le dicen para que espante y macanas, responde él, claro que no. Sentirlo no significa que esté y todo está en su justo lugar y cómo desaparecer completamente, agrega a veces, sardina en lata, cuando es necesario, y ahí —there— es el pájaro quien dicta epiléptico. El accidente fue el cuervo que ya no lo deja mentir. Espanta de veras: de lo que ve sólo canta lo cierto. [...] sigue>